Estudio UBO de resiliencia en pandemia determinó los principales elementos que ayudan a mantener estabilidad

Un grupo de investigadores de España, México y Chile analizó los principales elementos que conservaban la estabilidad de las familias en pandemia. Su capacidad de adaptación, y hacer actividades en familia fueron parte de las conductas más resilientes entre los encuestados.

Con el objetivo de conocer los aspectos que sostienen a las personas, sus parejas y familias durante el período de pandemia, un grupo de investigadores de España, México y Chile, a través de la Universidad Bernardo O’Higgins (UBO), desarrolló un estudio donde participaron 784 personas, entre los meses de mayo a julio 2020. El análisis tuvo por finalidad estudiar la resiliencia familiar a partir de las costumbres y adaptaciones de los encuestados para sobrellevar de la mejor manera posible este período de pandemia y encierro que ha dejado efectos nocivos en distintos niveles (salud mental, economía, conciliación familia/trabajo, entre otros).

Contrario a lo suponible, el estudio determinó que la resiliencia no discrimina tanto por el número de personas en una vivienda, sino por la relación que las personas convivientes mantienen, con una pareja o familia. Quienes mejor han sobrellevado la pandemia, en su mayoría, tenían una rutina adaptada a los horarios y responsabilidades actuales. También hacían alguna actividad recreativa en conjunto, como cocinar o ver una película. Asimismo, se repetía entre los entrevistados la designación de un tiempo regular para hacer alguna actividad en solitario como deporte, lectura o escuchar música.

La directora de la carrera de Psicología de la Universidad Bernardo O’Higgins, Viviana Tartakowsky comentó que “las personas que están en compañía viviendo la pandemia puntuaron con mayor fuerza en la escala de resiliencia tanto individual como familiar, eso tiene que ver con los vínculos que se generan en las familias. Al consultarles cómo se sostenían emocionalmente, las personas daban cuenta de que necesariamente mantenían también un espacio para hacer actividades individuales. Es decir, estar juntos, pero no revueltos, porque el confinamiento 24/7 ha generado un estrés enorme en las familias”.

Los hallazgos también revelaron que no existen diferencias significativas entre los países a nivel global. Es más, tampoco hubo mayores diferencias entre la cantidad de metros cuadrados de la vivienda, el número de integrantes en confinamiento o la mejor/o peor conexión a internet.

Sin embargo, se demostró que quienes tenían mayores niveles de estudio podían sobrellevar de mejor forma la pandemia, quienes estaban acompañado/as y tenían hijo/as (versus quienes viven solo/as) y además las personas de mayor edad.

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